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    Inauguramos nuevo blog. Como reza su propio título, desde aquí queremos tratar los trastornos que se pueden dar en la adolescencia. Nuestro objetivo es contribuir a la formación del profesorado que se encuentra en contacto con los adolescentes de forma que puedan detectar dichos trastornos y orientar a las familias y a los propios alumnos sobre qué hacer o dónde acudir.

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Una característica primordial de los trastornos bipolares es la tendencia de los episodios maniacos a alternarse con episodios depresivos mayores en una vuelta de montaña rusa interminable que va desde las cimas de la euforia a las profundidades de la desesperación. Más allá de esto, los trastornos bipolares son paralelos en varios sentidos a los trastornos depresivos.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO BIPOLAR II [DSM -  IV]

A) Presencia (o historia) de uno o más episodios depresivos mayores.
B) Presencia (o historia) de al menos un episodio hipomaniaco.
C) No ha habido ningún episodio maniaco.
D) Los síntomas afectivos en los Criterios A y B no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
E) Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Especificar el episodio actual o más reciente:
  • Hipomaniaco: si el episodio actual (o más reciente) es un episodio hipomaniaco.
  • Depresivo: si el episodio actal (o más reciente) es un episodio depresivo mayor.
Especificar (para el episodio depresivo mayor actual o el más reciente solo si el tipo más reciente de episodio afectivo):
  • Especificaciones de gravedad/psicosis/remisión.
  • Crónico.
  • Con síntomas catatónicos.
  • Con síntomas melancólicos.
  • Con síntomas atípicos.
  • De inicio en el postparto.
Especificar:
  • Especificaciones de curso longitudinal (con y sin recuperación interepisódica).
  • Con patrón estacional (sólo es aplicable al patrón de los episodios depresivos mayores).
  • Con cíclos rápidos.

El trastorno del estado de ánimo más fácil de reconocer es el trastorno depresivo mayor, episodio único, que se define por la ausencia de episodios maniacos o hipomaniacos antes o durante el episodio. Sabemos ahora que es poco frecuente que se dé un solo episodio depresivo aislado en la vida.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR, EPISODIO ÚNICO (DSM-IV)

A) Presencia de un único episodio depresivo mayor.
B) El episodio depresivo mayor no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
C)  Nunca se ha producido un episodio maniaco, un episodio mixto o un episodio hipomaniaco. Nota: esta exclusión no es aplicable si todos los episodios similares a la manía, a los episodios mixtos o a la hipomanía son inducidos por sustancias o por tratamientos, o si se deben a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.

Codificar el estado del episodio actual o más reciente:
.0 Leve.
.1 Moderado.
.2 Grave sin síntomas psicóticos.
.3 Grave con síntomas psicóticos.
.4 En remisión parcial/en remisión total.
.9 No especificado.

Especificar (para el episodio actual o para el más reciente):
  • Crónico.
  • Con síntomas catatónicos.
  • Con síntomas melancólicos.
  • Con síntomas atípicos.
  • De inicio en el posparto.
 Si se dan dos o más episodios depresivos mayores separados por un periodo de al menos dos meses, durante los cuales el individuo no se deprime, se diagnostica un trastorno depresivo mayor recurrente.

El trastorno distímico comparte muchos de los síntomas del trastorno depresivo mayor pero difiere en cuanto a su curso. Los síntomas son algo más ligeros aunque permanecen más o menos sin cambio por largos periódos. Este trastorno se define como un estado de ánimo persistente deprimido durante al menos dos años, sin que el paciente esté libre de síntomas más de dos meses seguidos.

A modo de perpectiva general:
Los trastornos aquí descritos se han clasificado bajo varias catgorías generales diferentes, como "trastornos depresivos", "trastornos afectivos" o incluso "neurosis depresivas". Desde el DSM-III-R, estos problemas se han agrupado bajo el título de trastornos del estado de ánimo, pues se caracterizan por marcadas desviaciones del estado de ánimo, aunque aquí los estamos llamando "trastornos depresivos".

En los niños y adolescentes:

Se podría suponer que la depresión exige cierta experiencia de la vida, que una acumulación de sucesos negativos podría generar pesimismo, lo cual llevaría a la depresión.
Como muchas suposiciones razonables en psicopatología, ésta no es por completo correcta. ¡Ahora contamos con pruebas de que los bebés de tres meses de edad pueden llegar a deprimirse!

La mayor parte de las investigaciones coincide en que los trastornos del estado de ánimo son fundamentalmente similares en niños y en adultos. Por lo tanto, no hay trastornos del estado de ánimo "infantiles" en el DSM-IV que sean específicos de una etapa de desarrollo, a diferencia de los trastornos de ansiedad.

Los cálculos sobre la prevalencia de estos trastornos en los niños y adolescentes varían en un amplio margen. La conclusión general es que los trastornos depresivos se dan con menos frecuencia en los niños que en los adultos pero ésta se eleva de manera muy considerable en la adolescencia cuando, en todo caso, la depresión es más común que en la edad adulta.

El trastorno depresivo mayor en los adolescentes es también en su mayor parte femenino, como lo es en los adultos.
Estos trastornos en niños y en adolescentes son muy serios por sus posibles consecuencias. Las tasas de intento de suicidio, por ejemplo, se disparan durante la adolescencia.

Como hemos dicho, muchos de nosotros tenemos a veces pensamientos intrusivos y en ocasiones nos entregamos a alguna conducta ritual, sobre todo cuando nos hallamos bajo tensión, pero pocos desarrollamos el trastorno obsesivo-compulsivo. Al igual que ocurre con el trastorno de pánico y el estrés postraumático, la persona tiene que desarrollar una ansiedad centrada en la posibilidad de tener pensamientos intensivos adicionales.

Los pensamientos repetitivos, intrusivos e inaceptables del TOC tal vez los regule una parte del circuito cerebral (que no vamos a detallar porque no lo consideramos relevante para el objetivo de este blog). Sin embargo, la tendencia a desarrollar la ansiedad y tener pensamientos compulsivos adicionales puede contar con los mismos precursores biológicos y psicológicos que la ansiedad en general.

Pero, ¿por qué quienes tienen el TOC centran su ansiedad en los pensamientos intrusivos ocasionales más que la posibilidad de un ataque de pánico o alguna otra situación externa? Una hipótesis es que las experiencias tempranas les enseñan que algunos pensamientos son peligrosos e inaceptables, de que las terribles cosas que piensan podrían suceder realmente y ellos serían los responsables. Esto provocaría una vulnerabilidad psicológica específica para desarrollar el trastorno. Las personas con TOC igualan pensamientos con las acciones o la actividad específicas representadas por los pensamientos, esto puede estar causado por actitudes de excesiva responsabilidad y sentimientos de culpa, todo ello desarrollado durante la infancia.

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