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Como hemos dicho, muchos de nosotros tenemos a veces pensamientos intrusivos y en ocasiones nos entregamos a alguna conducta ritual, sobre todo cuando nos hallamos bajo tensión, pero pocos desarrollamos el trastorno obsesivo-compulsivo. Al igual que ocurre con el trastorno de pánico y el estrés postraumático, la persona tiene que desarrollar una ansiedad centrada en la posibilidad de tener pensamientos intensivos adicionales.

Los pensamientos repetitivos, intrusivos e inaceptables del TOC tal vez los regule una parte del circuito cerebral (que no vamos a detallar porque no lo consideramos relevante para el objetivo de este blog). Sin embargo, la tendencia a desarrollar la ansiedad y tener pensamientos compulsivos adicionales puede contar con los mismos precursores biológicos y psicológicos que la ansiedad en general.

Pero, ¿por qué quienes tienen el TOC centran su ansiedad en los pensamientos intrusivos ocasionales más que la posibilidad de un ataque de pánico o alguna otra situación externa? Una hipótesis es que las experiencias tempranas les enseñan que algunos pensamientos son peligrosos e inaceptables, de que las terribles cosas que piensan podrían suceder realmente y ellos serían los responsables. Esto provocaría una vulnerabilidad psicológica específica para desarrollar el trastorno. Las personas con TOC igualan pensamientos con las acciones o la actividad específicas representadas por los pensamientos, esto puede estar causado por actitudes de excesiva responsabilidad y sentimientos de culpa, todo ello desarrollado durante la infancia.

El trastorno de estrés postraumático es el único trastorno de cuya etiología estamos seguros: alguien experimenta personalmente un trauma y desarrolla el trastorno. Aun así, que una persona desarrollo no el TEPT es un suceso complejo en el que se asocian factores biológicos, psicológicos y sociales.

Como en el caso de otros trastornos, las personas llevan consigo su propia vulnerabilidad psicológica y biológica. Cuanto mayor sea esta, más probable es que se desarrolle el TEPT. Un historial familiar de ansiedad sugiere que hay vulnerabilidad biológica al trastorno. Breslau, David y Andreski (1995) demostraron que características como la tendencia a ser ansiosos, además de factores como el nivel educativo escaso y la pertenencia a un grupo étnico, predicen la exposición a sucesos traumáticos en primer lugar y, por tanto, plantean un riesgo de desarrollar estrés postraumático.

Además, parece haber una vulnerabilidad psicológica generalizada, basada en experiencias tempranas con sucesos impredecibles o controlables, al igual que hemos descrito en otros trastornos de ansiedad. La inestabilidad familiar es un factor que puede infundir un sentido de que el mundo es un sitio incontrolable, por los que los individuos de familias inestables se hallan en riesgo de desarrollar este trastorno si experimentan traumas

Por último, los factores sociales y culturales también desempeñan una función importante. Si un individuo cuenta con un fuerte grupo de apoyo entre las personas que lo rodean es mucho menos probable que desarrolle el TEPT. De igual modo, las estrategias de afrontamiento basadas en una resolución activa de problemas son de mayor ayuda que enojarse o achacar la culpa a otros, algo que se asocia con niveles más elevados de estrés postraumático.

Al igual que estamos preparados para temer a ciertos animales salvajes y a determinadas situaciones peligrosas, también lo estamos para temer a las personas coléricas, críticas o que nos rechazan. Se observó que aprendemos con más rapidez a temer las expresiones de enojo que otras expresiones faciales, y que este temor disminuye de modo mucho más lento que otros tipos de aprendizaje. Otro estudio demostró que, entre las personas que vieron un gran número de fotografías de rostros, era más probable que los fóbicos sociales recordaran las expresiones críticas, en tanto que los individuos normales rememoraban las expresiones de aceptación.

Hay tres caminos posibles para la fobia social. En primer lugar, se podría heredar una vulnerabilidad biológica a desarrollar ansiedad y/o una tenencia biológica a estar muy inhibido socialmente. La existencia de una vulnerabilidad psicológica generalizada reflejada en la sensación de que los sucesos, particularmente los acontecimientos estresantes, son potencialmente incontrolables aumentaría la vulnerabilidad del individuo, Cuando está bajo estrés, la ansiedad y la atención centrada en uno mismo podrían aumentar hasta el punto de dificultar la ejecución, incluso en ausencia de una alarma (ataque de pánico). En segundo lugar, cuando se está bajo tensión se podría tener un ataque de pánico inesperado (falsa alarma) en una situación social que provocaría una asociación (condicionada) a claves sociales. El sujeto se volvería ansioso ante la probabilidad de tener alarmas (ataques de pánico) adicionales (aprendido) en la misma siuación social o en otras similares. En tercer lugar, alguien podría experimentar un trauma social real que originara una alarma verdadera. Se desarrollaría entonces la ansiedad (se condicionaría) en las mismas o similares situaciones.
Las experiencias sociales traumáticas quizá también partan de periodos difíciles en la infancia. La adolescencia temprana es el momento en el que los chicos pueden verse hostigados agresivamente por compañeros que tratan de ejercer su propia dominación. Este tratamiento quizá produzca una ansiedad y un pánico que se reproducen en situaciones sociales futuras.

Durante mucho tiempo pensábamos que casi todas las fobias específicas comenzaban con un suceso traumático, pero se sabe ahora que éste no es siempre el caso. Las experiencias de "condicionamiento" no desempeñan una función primordial en la etiología de la mayor parte de las fobias. Esto no significa que tales experiencias traumáticas no produzcan una conducta fóbica subsiguiente. Casi toda persona con una fobia a la asfixia ha tenido algún tipo de experiencia en la que sintió que se ahogaba. Un individuo con claustrofobia dijo haberse quedado atrapado en un ascensor por un periodo de tiempo extraordinariamente largo. Éstos son ejemplos de fobias adquiridas por experiencia directa, en las que el peligro o el dolor reales tienen por consecuencia una respuesta de alarma (una alarma verdadera). Esta es una forma de desarrollar una fobia, y hay al menos otras tres: experimentar una falsa alarma (ataque de pánico) en una situación concreta, observar a alguien que experimenta un temor grave (experiencia vicaria) o, en las condiciones adecuadas, enterarse de un peligro por voz de alguien.

Tienen que reunirse varios factores para que una persona desarrolle una fobia. En primer lugar, una experiencia de condicionamiento traumática con frecuencia desempeña una función importante (en el caso de algunas personas basta con que escuchen algo acerca de un suceso aterrador). En segundo lugar, es más probable que el temor se desarrolle si estamos "preparados"; esto significa que al parecer tenemos una tendencia heredada a temer a situaciones que siempre han sido peligrosas para la raza humana, como la amenaza de animales salvajes o quedar atrapados en lugares reducidos.

No es posible entender el trastorno de pánico (con o sin agorafobia) sin referirnos a la tríada de factores: biológicos, psicológicos y sosicales. Pruebas sólidas indican que la agorafóbia se desarrolla después de que la persona tiene ataques de pánico inesperados (o sensaciones parecidas al pánico); pero el hecho de que se desarrolle o no la agorafobia y el nivel de gravedad que alcance parece estar determinado por factores sociales y culturales.

Los ataques y el trastorno de pánico, por otro lado, parecen tener una relación más estrecha con factores biológicos y psicológicos y con la interacción de éstos.
Todos heredamos cierta vulnerabilidad al estrés, una tendencia neurobiológica a reaccionar de manera exagerada a los sucesos de la vida diaria. Por lo tanto hay algunas personas que tienen más posibilidades que otras de sufrir una reacción de alarma de emergencia (ataque de pánico inesperado) cuando se enfrentan a sucesos que producen estrés. Éstos pueden abarcar el estrés en el trabajo o en la escuela, la muerte de un ser querido, un divorcio y sucesos positivos que, no obstante, son estresantes, como graduarse y comenzar una nueva carrera, casarse o cambiar de trabajo.

Ciertas situaciones concretas se asocian con rapidez en la mente del individuo con las claves externas e inernas que estuvieron presentes durante el ataque. Así, en la siguiente ocasión en que la frecuencia cardiaca de la persona aumente durante el ejercicio, tal vez suponga que está teniendo un ataque de pánico (condicionamiento). En virtud de que estas claves se asocian con un gran número de estímulos internos y externos diferentes por medio de un proceso de aprendizaje, los llamamos "alarmas aprendidas".


Como con la mayor parte de los trastornos de ansiedad, tal vez en el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) también haya una contribución genética. Esta conclusión se funda en estudios que demuestran que el TAG suele transitar en las familias, y los estudios en gemelos fortalecen esta propuesta.

Hay pruebas que señalan que los individuos con el TAG son muy sensibles a las amenazas en general, y en particular a las que tienen una relevancia personal. Esto signifca que concentran su atención de manera mucho más rápida sobre las fuentes de amenaza en comparación con la gente que no se muestra ansiosa.

También hay hallazgos que sugieren que la gente con el TAG se entrega a procesos de pensamiento desesperados e intensos o se preocupa sin que haya imágenes que los acompañen.

En resumen, algunas personas heredan una tendencia a estar tensas.La tensión significativa hace que sean aprensivas y estén vigilantes. Esto da lugar a una inquietud intensa que tiene por consecuencia modificaciones fisiológicas, las cuales conducen al trastorno de ansiedad generalizada.

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es la culminacion de los trastornos de ansiedad. En otros trastornos de ansiedad, el peligro por lo común se halla en un objeto o una situación externos, o al menos en el recuerdo que se tiene. En el TOC, el suceso peligroso es un pensamiento, una imagen o un impulso que el paciente trata de evitar tanto como alguien con una fobia a las serpientes las evitaría.

Las obsesiones son pensamientos, imágenes o necesidades intrusivos y generalmente sin sentido a los que el individuo trata de resistirse e intenta eliminar.

Las compulsiones son los pensamientos o las acciones utilizados para suprimir las obsesiones y que proporcionan alivio. Pueden ser conductuales (lavarse las manos) o mentales (pensar en ciertas palabras en un orden determinado, contar, rezar, etc,). Los individuos que padecen este trastorno creen que reducen el estrés o evitan un suceso aterrador. Las compulsiones a menudo son denominadas "mágicas", en el sentido de que muchas veces no guardan relación lógica con la obsesión.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO (DSM-IV)
A) Se cumple para las obsesiones y las compulsiones:

Las obsesiones se definen por 1, 2, 3 y 4:
  1. Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusivos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos.
  2. Los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real.
  3. La persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos.
  4. La persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente.
Las compulsiones se definen por 1 y 2:
  1. Comportamientos (por ejemplo lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (por ejemplo rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, queel individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con de acuerdo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente.
  2. El objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención de algún acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir, o bien resultan claramente excesivos.
B) En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. Nota: Este. No es aplicable a los niños.

C) Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de una hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social.

D) Si hay otro trastorno el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él. Por ejemplo, preocupaciones por la comida en un trastorno alimentario, inquietud por la propia apariencia del trastorno dismórfico corporal, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar padeciendo una enfermedad grave en la hipocondria o sentimientos repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor.

E) El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo drogas o fármacos) o de una enfermedad médica.

 El trastorno emocional que sigue aún trauma se conoce como trastorno de estrés postraumático (TEPT). Tal vez el acontecimiento traumático más impresionante sea la guerra, pero también tienen lugar trastornos emocionales tras una agresión física (en particular una violación), accidentes de automóvil, catástrofes naturales o la muerte repentina de un ser querido.

El TEPT es la exposición a un acontecimiento traumático durante el cual se experimenta temor, desamparo u horror. Posteriormente, las víctimas vuelven a experimentar el acontecimiento a través de recuerdos y pesadillas y evitan cualquier situación o cosa que le recuerden el trauma.
A veces, son incapaces de recordar ciertos aspectos del suceso.

Son características destacadas de este trastorno la dificultad para conciliar el sueño los sueños inclusivo recurrentes del evento.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (DSM-IV)
A) La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha existido 1 y 2:
  1. La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimiento(s) caracterizado(s) por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
  2. La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intenso. Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados su agitados.
B) El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
  1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
  2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible.
  3. El individuo actúa como si, o tiene la sensación de que, el acontecimiento traumático está ocurriendo. Se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse. Nota: los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
  4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Reactividad fisiológica al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
C) Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Esfuerzos por evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
  7. Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).
D) Síntomas persistentes de un aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  2. Irritabilidad o ataques de ira.
  3. Dificultades para concentrarse.
  4. Hipervigilancia.
  5. Respuestas exageradas al sobresalto.
E) Estas alteraciones (síntomas de los criterios B, C y D) se prolongan más de un mes.

F) Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Existen dos subtipos de trastorno de estrés postraumático: agudos si los síntomas duran menos de 3 meses, o crónico si los síntomas duran 3 meses o más.

La fobia social es algo más que una timidez exagerada. El tipo más común de fobia social, con la que se relaciona la mayoría de las personas, es hablar en público. Otras situaciones comunes son comer en un restaurante, firmar un documento delante un empleado en una tienda o en un banco, u orinar en un baño público. Lo que estos ejemplos tienen en común es que se exige que el individuo haga algo mientras los demás lo están observando.


CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA LA FOBIA SOCIAL (DSM-IV)
A) Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso. Nota: en los niños es necesario haber demostrado que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto.

B) La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación. Nota: en los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco familiar.

C) El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional. Nota: en los niños puede faltar este reconocimiento.

D) Las situaciones sociales o las actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.

E) Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en la situación en público temida interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo.

F) En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro sintomático debe prolongarse como mínimo 6 meses.

G) El miedo o el comportamiento de evitación no se deben a los factores fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas, fármacos) o de una enfermedad médica, y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental (por ejemplo, trastorno de panico con o sin agorafobia, trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, un trastorno generalizado del desarrollo o trastorno esquizoide de la personalidad).

H) Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio A no se relaciona con estos procesos (por ejemplo, el miedo no es debido a la tartamudez, a los temblores de la enfermedad de Parkinson o a la exhibición de conductas alimentarias anormales en la anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa).

Existe un subtipo llamado fobia social generalizada que se da cuando los temores hacen referencia la mayoría de las situaciones sociales. En este caso debe considerarse también el diagnóstico adicional de trastorno de personalidad por evitación.

Una fobia específica es un temor irracional a un objeto o a una situación en concreto que interfiere marcadamente en la capacidad funcional de un individuo. Hay tantas fobias como objetos o situaciones.

Se han identificado cuatro subtipos principales de fobias específicas: (a) a los animales, (b) al ambiente natural (por ejemplo alturas, tormentas y agua), (c) a las inyecciones, la sangre y/o las heridas y (d) situacional (como aviones, ascensores o lugares cerrados). Una quinta categoría, denominada "otra", comprende fobias que no entran en ninguno de los cuatro subtipos principales (por ejemplo, situaciones que tal vez conduzcan a axfisia, el vómito o a contraer una enfermedad; o bien, en los niños, la evitación de sonidos fuertes o de personas disfrazadas). La mayoría de la gente que padece una fobia suele tener fobias múltiples de varios tipos.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA LA FOBIA ESPECÍFICA (DSM-IV)
A)  Temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos (por ejemplo volar, precipicios, animales, administración de inyecciones, visión de sangre, etc.).

B) La exposición al estímulo fólico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada. Nota: en los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o abrazos.

C) La persona reconoce que este miedo es excesivo o irracional. Nota: en los niños puede faltar este reconocimiento.

D) La(s) situación(es) fóbica(s) se evitan o se soportan a costa de una intensa ansiedad o malestar.

E) Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provocado por la situación temida interfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente significativo.

F) En los menores de 18 años la duración de estos síntomas debe haber sido de 6 meses como mínimo.

G) La ansiedad, la crisis de angustia o los comportamientos de evitación fóbica asociados a objetos o situaciones específicos no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, por ejemplo, un trastorno obsesivo -compulsivo (por ejemplo, miedo a la sociedad en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, evitación de estímulos relacionados con un acontecimiento altamente estresante), fobia social (por ejemplo, evitación de situaciones sociales por miedo a que resulten embarazosas), trastorno de angustia con agorafobia, o agorafobia sin historia de trastorno de angustia.

El trastorno de pánico puede darse con o sin agorafobia.

En el trastorno de pánico con agorafobia (TPA) los individuos experimentan graves ataques de pánico inesperados. Como no saben nunca cuándo va a ocurrir un ataque, desarrollan agorafobia, temor y evitación de situaciones en las que sería difícil o vergonzoso escapar para llegar a casa o al hospital. En casos graves son completamente incapaces de salir de casa, a veces durante años.

También puede ser que las personas experimenten ansiedad y pánico sin que se presente la agorafobia, en estos casos, el trastorno se denomina trastorno de pánico sin agorafobia (TP).

Para satisfacer los criterios del trastorno de pánico (con o sin agorafobia), una persona tiene que experimentar un ataque de pánico inesperado y desarrollar una ansiedad sustancial por la posibilidad de tener otro ataque o por las complicaciones o consecuencias de éste.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO DE PÁNICO CON AGORAFOBIA (DSM-IV)
A) Se cumplen 1 y 2:
  1. Crisis de angustia inesperadas recidivantes.
  2. Al menos una de las crisis ha ido seguida durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas:
    • Inquietud persistente por la posibilidad de tener más crisis.
    • Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un infarto de miocardio, "volverse loco").
    • Cambio significativo del comportamiento relacionado con la crisis.
B) Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.

C) Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas o fármacos) o una enfermedad médica (por ejemplo, hipertiroidismo).

D) Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, como fobia social (por ejemplo, aparecen al exponerse a situaciones sociales temidas), fobia específica (por ejemplo, al exponerse a situaciones fóbicas específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (por ejemplo, al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes), o trastorno por ansiedad por separación (por ejemplo, al estar lejos de casa de los seres queridos).

Como ya hemos dicho la mayoría de nosotros nos preocupamos en cierto grado y esto puede ser útil, pues nos ayuda a planear el futuro. Pero ¿qué pasaría si nos preocupáramos indiscriminadamente por cualquier cosa?, ¿si preocuparnos fuera además improductivo?, ¿y si no podemos dejar de preocuparnos, aún cuando sabemos que no nos conduce a nada bueno y probablemente afecte a todos los que nos rodean? Éstos rasgos caracterizan el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

El trastorno de ansiedad generalizada es el síndrome básico que caracteriza a cada uno de los tipos de trastornos de ansiedad que vamos a ver. Las personas que lo padecen tienen dificultad para cortar o controlar los procesos de preocupación. Esto es lo que distingue la preocupación patológica de la inquietud normal que todos experimentamos de vez en cuando. La mayoría de nosotros nos preocupamos por un tiempo pero podemos dejar el problema de lado y pasar otra tarea. Para las personas con trastorno de ansiedad esa preocupación nunca cesa.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA (DSM-IV)
A) Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva), que ocurre la mayoría de los días durante un período de 6 meses en relación a un número de actividades o eventos (como el desempeño en la escuela o el trabajo).

B) La persona tiene dificultades para controlar la preocupación.

C) La ansiedad y la preocupación están asociadas a al menos tres (o más) de los siguientes síntomas (con al menos alguno de los síntomas presentes en la mayoría de los días durante un periodo de 6 meses). (Nota: en niños, sólo basta un síntoma):
  1. Inquietud o nerviosismo intenso.
  2. Sentirse fatigado fácilmente.
  3. Dificultad para concentrarse o mente blanco.
  4. Irritabilidad.
  5. Tensión muscular.
  6. Trastorno del sueño (dificultad para dormirse o dormir de un tirón, o sueño inquieto e insatisfactorio).
D) La ansiedad y preocupación no aparecen en forma de un ataque de pánico (como los ataques de pánico), de vergüenza ante el público (como la fobia social), de temor a contaminarse (como los trastornos obsesivos -compulsivos), a engordar (como la anorexia nerviosa) o a padecer una enfermedad grave (como en la hipocondría), y no se incluye dentro un trastorno de estrés postraumático.

E) La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan molestias clínicas significativas o disfunciones sociales, ocupacionales o de otras áreas importantes de la vida.

F) No es fruto de efectos directos de una sustancia (por ejemplo consumo de drogas o medicación) o un estado de enfermedad general (por ejemplo hipertiroidismo) y no ocurre exclusivamente durante los trastornos de humor, trastorno psicótico o trastorno de desarrollo extenso.

Antes de pasar a describir cada uno de los tipos de trastornos de ansiedad que existen detallando sus criterios diagnósticos y sus causas específicas, vamos a explicar las causas generales de la ansiedad, el miedo y el pánico.

Las reacciones emocionales excesivas provienen de fuentes múltiples:
  • Contribuciones biológicas. Existen pruebas de que heredamos una tendencia a estar tensos o nerviosos. No parece haber un gen único que genera la ansiedad, es el conjunto de pequeñas aportaciones de muchos genes de diversas áreas de los cromosomas lo que nos hace vulnerables a la ansiedad cuando están presentes los factores psicológicos y sociales precisos.
  • Contribuciones psicológicas. El sentido de control sobre la realidad que se desarrolla la infancia a partir de las experiencias tempranas es el factor psicológico que nos hace vulnerables a la ansiedad en la vida adulta. Los padres que permiten a sus hijos explorar el mundo y desarrollar las habilidades necesarias para hacerle frente permite que éstos desarrollen un saludable sentido de control. Los padres sobreprotectores generan una situación en la que el niño jamás aprende a manejar las adversidades, así los niños no aprenden que pueden controlar el entorno.
  • Contribuciones sociales. Los sucesos estresantes de la vida y las presiones sociales desencadenan nuestra vulnerabilidad biológica y psicológica la ansiedad.
En conclusión, los trastornos de ansiedad se producen cuando diversos factores de distinta naturaleza confluyen, estos tipos de trastornos no pueden explicarse porque haya contribucionesde un solo tipo.

La ansiedad está presente en distintos trastornos. Encontramos síntomas de ansiedad en los trastornos del estado de ánimo, en las adicciones, en los trastornos de alimentación, etc, pero éstos síntomas también constituyen un trastorno específico.

Los distintos tipos de trastornos de ansiedad que existen son:
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Trastorno de pánico con y sin agorafobia.
  • Fobias específicas.
  • Fobia social.
  • Trastorno de estrés postraumático.
  • Trastorno obsesivo -compulsivo.
Explicaremos cada uno de estos tipos hablando de los criterios diagnósticos y las causas subyacentes, al igual que hemos hecho anteriormente con los trastornos de personalidad.

 En primer lugar vamos a definir los conceptos de ansiedad, miedo y pánico para poder entender estos trastornos.

Todas las personas tienen capacidad para reaccionar con ansiedad, pues se trata de una respuesta emocional, resulta muy adaptativa y es buena para nosotros, en cantidades moderadas impulsa y mejora el rendimiento físico e intelectual. Se entiende el trastorno de ansiedad como una patología cuando existe un exceso de frecuencia,, intensidad, duración, etc.de la respuesta de ansiedad, o simplemente como una respuesta inadecuada a las demandas de la situación. A veces ésta alcanza una gran intensidad que puede provocar una pérdida de control sobre la conducta normal.

El miedo es una reacción de alarma inmediata ante el peligro, al igual que la ansiedad, puede ser bueno para nosotros, pues nos protege y activa una respuesta intensa del sistema nervioso autónomo, pero también es contraproducente si se experimenta cuando no hay nada que temer.

En psicopatología, un ataque de pánico se define como una experiencia brusca de miedo intenso o de malestar agudo, acompañada por síntomas físicos que por lo general comprenden palpitaciones del corazón, dolor en el pecho, sensación de ahogo y, posiblemente, mareos.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL ATAQUE DE PÁNICO (DSM-IV)
Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos:
  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblores o sacudidas.
  4. Sensación de ahogo o falta de aliento.
  5. Sensación de atragantarse.
  6. Opresión o malestar torácico.
  7. Náuseas o molestias abdominales.
  8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
  9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
  10. Miedo a perder el control o volverse loco.
  11. Miedo a morir.
  12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
  13. Escalofríos o sofocaciones.
En el DSM-IV figura la descripción de tres clases fundamentales de ataques de pánico: el ataque ligados situaciones, el inesperado y el de predisposición situacional. Los dos últimos son importantes en el trastorno de pánico, mientras que los ataques determinados por las situaciones son más comunes en las fobias específicas o la fobia social.

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