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Existe una teoría integradora de la etiología de los trastornos del estado de ánimo que considera la interacción de las dimensiones biológica, psicológica y social.
  • Dimensión biológica: estudios con gemelos sugieren que existe una vulnerabilidad genética. Otros estudios recientes sugieren también que existen diferencias de género en la vulnerabilidad genética la depresión, siendo la tasa más elevada de trastornos depresivos en las mujeres. Como la mayor parte de los trastornos psicológicos, la contribución genética parece ser resultado de muchos genes, y no de uno solo.
  • Dimensión psicológica:los sucesos estresantes están en la mayoría de ocasiones en el origen de la depresión, pero es muy importante el contexto de dicho suceso y el significado que tiene para el individuo. No todas las personas que experimentan un suceso estresante se deprimen, por lo que podemos decir que hay en la interacción de sucesos vitales estresantes y cierta clase de vulnerabilidad, ya sea genética, psicológica o una combinación de ambas. Algunos autores proponen que la depresión tal vez sea producto de una tendencia a interpretar los sucesos cotidianos de manera negativa, para estas personas los más insignificantes reveses son las peores catástrofes. Tras una serie de sucesos negativos en la infancia, los individuos pueden desarrollar un esquema negativo profundamente arraigado.
  • Dimensión social y cultural: los datos sobre la prevalencia de los trastornos del estado de ánimo indican desequilibrios de género muy marcados. Aunque el trastorno bipolar se divide de manera uniforme entre hombres y mujeres, cerca del 70% de los individuos con trastorno depresivo mayor son mujeres. Lo que resulta sorprendente es que este desequilibrio de género es constante en todo el mundo. La fuente de estas diferencias es cultural, está en los roles sexuales asignados a los hombres y a las mujeres en nuestra sociedad. Además el apoyo social desempeña una función importante la aparición de la depresión.

Existe un aparente solapamiento entre la ansiedad y la depresión. Ahora sabemos que casi cualquiera que presenta una depresión, en particular alto grado de tener un trastorno, también se encuentra en estado de ansiedad (Barlow, 2002). Varios estudios han confirmado que la depresión mayor casi siempre sigue a la ansiedad y puede ser consecuencia de ella.

Vamos a ver a continuación los síntoma específicos de ansiedad y de depresión, así como los sintomas compartidos por ambos trastornos.

Síntomas de ansiedad pura:
  • Aprensión.
  • Tensión.
  • Estado de tensión nerviosa.
  • Estremecimiento.
  • Preocupación excesiva.
  • Pesadillas.
Síntomas de depresión pura:
  • Desamparo.
  • Estado de ánimo deprimido.
  • Pérdida de interés.
  • Falta de placer.
  • Ideación suicida.
  • Disminución de la libido.
Síntomas mixtos de ansiedad y depresión:
  • Anticipación de lo peor.
  • Preocupación.
  • Mala concentración.
  • Irritabilidad.
  • Hipervigilancia.
  • Sueño insatisfactorio.
  • Llanto.
  • Culpa.
  • Cansancio.
  • Mala memoria.
  • Insomnio.
  • Sentimientos de escasa valía personal.
  • Desesperanza.

Una característica primordial de los trastornos bipolares es la tendencia de los episodios maniacos a alternarse con episodios depresivos mayores en una vuelta de montaña rusa interminable que va desde las cimas de la euforia a las profundidades de la desesperación. Más allá de esto, los trastornos bipolares son paralelos en varios sentidos a los trastornos depresivos.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO BIPOLAR II [DSM -  IV]

A) Presencia (o historia) de uno o más episodios depresivos mayores.
B) Presencia (o historia) de al menos un episodio hipomaniaco.
C) No ha habido ningún episodio maniaco.
D) Los síntomas afectivos en los Criterios A y B no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
E) Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Especificar el episodio actual o más reciente:
  • Hipomaniaco: si el episodio actual (o más reciente) es un episodio hipomaniaco.
  • Depresivo: si el episodio actal (o más reciente) es un episodio depresivo mayor.
Especificar (para el episodio depresivo mayor actual o el más reciente solo si el tipo más reciente de episodio afectivo):
  • Especificaciones de gravedad/psicosis/remisión.
  • Crónico.
  • Con síntomas catatónicos.
  • Con síntomas melancólicos.
  • Con síntomas atípicos.
  • De inicio en el postparto.
Especificar:
  • Especificaciones de curso longitudinal (con y sin recuperación interepisódica).
  • Con patrón estacional (sólo es aplicable al patrón de los episodios depresivos mayores).
  • Con cíclos rápidos.

El trastorno del estado de ánimo más fácil de reconocer es el trastorno depresivo mayor, episodio único, que se define por la ausencia de episodios maniacos o hipomaniacos antes o durante el episodio. Sabemos ahora que es poco frecuente que se dé un solo episodio depresivo aislado en la vida.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS PARA EL TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR, EPISODIO ÚNICO (DSM-IV)

A) Presencia de un único episodio depresivo mayor.
B) El episodio depresivo mayor no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
C)  Nunca se ha producido un episodio maniaco, un episodio mixto o un episodio hipomaniaco. Nota: esta exclusión no es aplicable si todos los episodios similares a la manía, a los episodios mixtos o a la hipomanía son inducidos por sustancias o por tratamientos, o si se deben a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.

Codificar el estado del episodio actual o más reciente:
.0 Leve.
.1 Moderado.
.2 Grave sin síntomas psicóticos.
.3 Grave con síntomas psicóticos.
.4 En remisión parcial/en remisión total.
.9 No especificado.

Especificar (para el episodio actual o para el más reciente):
  • Crónico.
  • Con síntomas catatónicos.
  • Con síntomas melancólicos.
  • Con síntomas atípicos.
  • De inicio en el posparto.
 Si se dan dos o más episodios depresivos mayores separados por un periodo de al menos dos meses, durante los cuales el individuo no se deprime, se diagnostica un trastorno depresivo mayor recurrente.

El trastorno distímico comparte muchos de los síntomas del trastorno depresivo mayor pero difiere en cuanto a su curso. Los síntomas son algo más ligeros aunque permanecen más o menos sin cambio por largos periódos. Este trastorno se define como un estado de ánimo persistente deprimido durante al menos dos años, sin que el paciente esté libre de síntomas más de dos meses seguidos.

A modo de perpectiva general:
Los trastornos aquí descritos se han clasificado bajo varias catgorías generales diferentes, como "trastornos depresivos", "trastornos afectivos" o incluso "neurosis depresivas". Desde el DSM-III-R, estos problemas se han agrupado bajo el título de trastornos del estado de ánimo, pues se caracterizan por marcadas desviaciones del estado de ánimo, aunque aquí los estamos llamando "trastornos depresivos".

En los niños y adolescentes:

Se podría suponer que la depresión exige cierta experiencia de la vida, que una acumulación de sucesos negativos podría generar pesimismo, lo cual llevaría a la depresión.
Como muchas suposiciones razonables en psicopatología, ésta no es por completo correcta. ¡Ahora contamos con pruebas de que los bebés de tres meses de edad pueden llegar a deprimirse!

La mayor parte de las investigaciones coincide en que los trastornos del estado de ánimo son fundamentalmente similares en niños y en adultos. Por lo tanto, no hay trastornos del estado de ánimo "infantiles" en el DSM-IV que sean específicos de una etapa de desarrollo, a diferencia de los trastornos de ansiedad.

Los cálculos sobre la prevalencia de estos trastornos en los niños y adolescentes varían en un amplio margen. La conclusión general es que los trastornos depresivos se dan con menos frecuencia en los niños que en los adultos pero ésta se eleva de manera muy considerable en la adolescencia cuando, en todo caso, la depresión es más común que en la edad adulta.

El trastorno depresivo mayor en los adolescentes es también en su mayor parte femenino, como lo es en los adultos.
Estos trastornos en niños y en adolescentes son muy serios por sus posibles consecuencias. Las tasas de intento de suicidio, por ejemplo, se disparan durante la adolescencia.

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